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En su libro Crónica del viaje de Sus Majestades y Altezas Reales a las Islas Baleares Catalunya y Aragón, Antonio Flores, cronista de la reina Isabel II, que visitó Alfàbia el año 1860, afirmó sobre la finca: “La entrada a la finca de Alfàbia es sumptuosa, pero la salida por la parte opuesta es una maravilla. Entrar en la casa que es de regulares dimensiones, atravesar sus principales salas, y salir a la galería que se extiende alrededor del jardín, es quedar absorto y suspenso ante el panorama más variado y más bello que pueda soñar la imaginación humana. Pese a que la pintoresca sierra de Alfabia se anuncia antes de llegar a la finca, todavía sorprende que detrás de aquel edificio se esconda una naturaleza tan bella y caprichosa. Parece que la naturaleza y el arte son obras de una sola mano. No se sabe dónde acaba el jardín y dónde empieza la montaña, esta y aquel parecen una misma cosa”.
